martes, 16 de enero de 2007

Rincón de literatura: Fastidiosa Condición de transcurrir

Resulta difícil ponerse a escribir de este modo impensado por los poetas de papiro y sucio grafito. Sin más que salidas simplistas a la inquietud puramente animal que me nace de trascender. ¡¿Trascender?! ¿A que? ¿A lo que soy? ¿A lo que seré?
Perdurar vivo de diversas maneras. Darle un giro a la dura realidad de concluir lo vivido sin rodeos y sin lograr la meta de trascender.
Pero si basta un instante para vislumbrar lo fugaz que transcurro y el instante siguiente se proyecta a una continua sucesión de instantes en los que busco probar mi existencia trascendente, para terminar la búsqueda sin más que la primigenia incógnita, turbado por la irracionalidad del aparente último, o primer instante.
Al fin y al cabo transcurren instantes tras instantes en los que me acerco al temido momento en que mis componentes dejen de tener organización racional y todo ¿todo? termine ¿terminar?. Irónicamente durante ningún instante conoceré la realidad del siguiente, en consecuencia nunca podré conocer y disfrutar el aparente penúltimo instante.
¿Será acaso a la mitad del próximo sorbo al mate? ¿O antes de que prosiga su inspirador Descartes? Escalofriante, pero dolorosamente cierto. La cosa ciertamente, supongo, esta en que ningún instante tendría mas sentido si lograra, (cosa ciertamente imposible) conocer la razón de la constante sucesión de las vidas.
Y claro que si comprobara lo incomprobable (espero lo logre antes de mi último flujo de aire), supongo que sucedería con la sutil coincidencia de ser imposible de transmitir. Pero caigo en uno de los principios más básicos: que ninguna regla sea cual fuere su origen (aclaración totalmente fuera de lugar, ya que los principales principios por los que todo aparentemente se rige, no tienen necesariamente un origen, al menos hasta donde las reglas de la razón lo permiten analizar) tiene una falla, deja ver un haz de luz en su muralla restrictiva, que con un poco de astucia se debería llegar a encontrar.¿ Pero si toda la vida me la paso buscando el haz de luz, que no serán fotones, por cierto y lamentablemente, todo lo demás pierde sentido!
Y es ahí cuando vuelvo al mismo punto en que si lograra la certeza ¡todo se irá al carajo!, partiendo de la base optimista que todavía no estoy en el carajo ¿no? y puedo caer más bajo.
Y si desperdicio las simplistas salidas que se me cruzan, y que ya recorro, quizás se podría llegar a algo. Pero es demasiado arriesgar lo que seguro poseo ¿poseer?
Entonces caigo de nuevo a la siempre confusa primera incógnita.
Y luego de haber plasmado esto, para lograr un anhelo de trascendencia, un razonamiento que es puramente parte de uno de los caminos simplistas, esbozos de razonamientos que aparentan ser prestados, realmente prefiero ponerle fin, solo por la falaz conclusión de que una divagación relativamente coherente, pierde el hilo, si es que lo tuvo, y que concluirla es la mejor manera de renunciar a saber a donde puede llegarse dándole vueltas.
Ya habiéndole puesto fin, me resulta cómico mi conciente y constante necesidad de justificar hasta el más mínimo punto relativamente interpretable, básicamente es lo que estoy haciendo. Sino a quien se le ocurre seguir hablando luego de poner “fin”. La realidad, ¿realmente? es que luego de poner fin, el razonamiento se empecina en seguir devanándome la cabeza, y sería poco aprovechable no seguir.
Como ya el razonamiento ¿razonamiento? se termino de ir, ahora puedo poner fin, solo para darle una nueva cabida, pero esta vez me tomo otro camino más simplista, (si es que lo hay todavía) y dejo de seguir.-

1 comentario:

maleeeee dijo...

Después de leer dos veces me doy cuenta de que tenemos más de fama que de cronopio. Supongo yo, nos regimos bajo una insaciable 'necesidad de justificar' bastante humana y base de cualquier intento de razonamiento filosófico. A decir verdad cuando leo alguna cosa de la esta índole no me fijo mucho en lo estético sino en el razonamiento.. (uff) si bien contiene, en efecto, muchos preceptos que son muy buenos y verdaderos, hay sin embargo, mezclados con ellos, tantos otros superfluos, que es casi tan difícil separar como sacar una Minerva de un bloque de mármol en el que ni siquiera hay algo esbozado-terrible robo a Descartes-,pero no hay drama porque (supongo yo) todos pensamos alguna vez y entramos en este circulo vicioso y terminamos en la primitiva incógnita de la existencia, y ahí cagaste.
en fin, es inevitable tener algo de fama.

me dejo de decir boludeces y me voy en busca de la SUPER VIDA.